Ver, oír y callar
- Javier Muñoz Tirado
- 4 oct 2025
- 3 min de lectura
Actualizado: 10 oct 2025
Porque la sociedad parece ir hacia atrás en vez de evolucionar
Cada día es más habitual encontrar a personas que creen llevar siempre la razón y con las que es imposible hablar de muchos temas de actualidad. La política y sus formas ha entrado en la sociedad, llevando a las personas a la polarización, en algunos casos extrema.
Y es fácil de ver. Las formas de comportarse de una persona lo dicen todo de ella. Y esto en concreto lo escribo por esas personas que te miran por encima del hombro, que se creen que son más que tu, que tienen que ser los líderes y los que tiene que mover a un grupo de personas, o si no se enfadan. Esos que cuando les llevas la contraria te miran con forma desafiante, levantan la voz para parecer que conocen la verdad absoluta y que, si pueden, te degradan con algún comentario personal, entrando incluso en descalificativos suaves, pero hirientes.
Y este patrón lo veo siempre en un tipo de personas concreto, aquellas cuya ideología tira hacia la ultraderecha, que sigue los patrones del macho español, aquel que hace comentarios machistas, realiza un señalamiento político con aquellas personas que no tienen sus mismas ideas y que expulsaría a las personas migrantes con sus propios medios si pudieran. Los mismos que, cuando ven a una persona del colectivo LGTBI, por ejemplo, no tienen miedo en señalarle, decirle "maricón" y burlarse, buscando la mofa colectiva.
Esta es una realidad que, al menos yo, veo prácticamente cada día. Son esos que te miran y hablan con tono desafiante en muchas ocasiones, los que la amabilidad se la pasan por cualquier sitio menos por su vocabulario, los que son agresivos y a la más mínima quieren pegarse con alguien cuando las cosas se pueden solucionar hablando (en muchas ocasiones son malentendidos por los que no hay que llegar a las manos).
Y todo esto lo detesto con todas mis ganas. Si la sociedad sigue cogiendo estas actitudes tóxicas, será un claro retroceso de 40, 50, 60 e incluso 70 años, esa época en la que el honor lo tenía el más valiente, el momento en el que una gran parte de nuestro país tenía que esconder su ideología o huir por pensar diferente.
Y es que, cuando con argumentos le llevas la contraria a este tipo de hombres, se sienten atacados en el orgullo y lo único con lo que pueden actuar es con la violencia, siendo reaccionarios. Y el resto, nos callamos. Y lo hacemos porque, en muchas ocasiones, pensamos que tenemos confianza para poder hablar y debatir con esa persona sin problemas, son nuestros amigos o personas cercanas. Sin embargo, cuando su respuesta es así de tóxica, sólo te queda ver, oír y callar, porque no quieres perder una relación de amistad por un comentario político, de fútbol, de religión o cualquier otra gilipollez que se os venga a la mente.
Y en mi cabeza es difícil de entender que, tras tantos años de democracia, en un momento en el que las diferencias deberían estar más que aceptadas y el entendimiento debería ser la norma primordial de la sociedad, tengamos que volver al ver, oír y callar por personas que lo único que buscan es conflicto verbal o físico sólo porque tenemos opiniones diferentes.



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